Barcelona salva los pequeños clubs de música

Después de décadas batallando y viendo desaparecer locales emblemáticos de la ciudad, después de años estudiando casuísticas y legislaciones arcaicas, este viernes se ha aprobado la normativa que protege los establecimientos culturales de pequeño formato mediante la creación de la categoría de Espais de Cultura Viva. La normativa ha entrado a votación in extremis, en el penúltimo plenario de la legislatura, aunque al final todos los partidos se han posicionado a favor de una ley que blinda unos espacios fundamentales para cohesionar el tejido social, fortalecer la creación de base y potenciar la cultura de proximidad.

En el ayuntamiento este viernes se ha hablado de “momento histórico”. Y no era para menos. Esta normativa marca, ahora sí, el inicio de una nueva era para la música en vivo en Barcelona. Creando la categoría Espais de Cultura Viva se protege, se  impulsa y, sobre todo, se legaliza lo que el documento define como “unos establecimientos de pequeño formato y de proximidad” que desarrollan una “programación cultural estable” y tienen una “función de articulación social del territorio entendiendo la diversidad como elemento fundamental”. Estamos ante la reivindicación definitiva de un tejido cultural vital, pero tradicionalmente condenado a la alegalidad bajo la teoría de que la música altera la convivencia.

Se acabó la pesadilla

Una de las personas más felices era Daniel Granados, a quien el Institut de Cultura de Barcelona encomendó esta tarea hace ya tres años. No era la única. Para Cristos Kafaslas, propietario del DioBar, uno de los locales con más y más diversa actividad musical, también ha sido un gran día: “Se acabó la pesadilla, sí”, confirma. “Se ha acabado eso de ir cada día a trabajar pensando que igual es el último”, añade, recordando las multas y amenazas de precinto que recibió no hace tanto. “Esto nos da mucha fuerza y seguridad a los que organizamos los conciertos y a los músicos, que son nuestros compañeros de batalla. Ahora ya somos un espacio cultura. Por fin salimos de la sombra”, proclama feliz.

La categoría de Espais de Cultura Viva, inédita en el resto de España, se crea para proteger locales con un aforo máximo para 150 personas y que programen un mínimo de 40 actuaciones al año, pero no solo incumbe a locales de música. También protege espacios que apuestan por otras artes escénicas y manifestaciones de cultura popular. Podrán acogerse a ella bares, restaurantes, galerías de arte, librerías, cines, teatros y, en general, espacios de difusión cultural, tanto existentes como nuevos. En función de sus condiciones de insonorización, podrán programar música amplificada, acústica o semiamplificada. Esta tercera innovadora opción intermedia flexibiliza el viejo marco y es una invitación más a esponjar la actividad musical en los barrios.

Para garantizar la convivencia vecinal, los conciertos deberán terminar a las 23 horas. Para apoyar su subsistencia económica, los locales sin licencia de bar podrán montar una barra, solo durante las actuaciones, que no supere el 35% del local. Y para que las cuentas salgan mejor que ahora, a los músicos y a los dueños del local, los que entren en la categoría de Espais de Cultura Viva podrán ampliar su aforo durante del concierto, acabando así con esa absurda situación en la que locales con capacidad para cien personas solo podían dejar entrar 35 espectadores bajo riesgo de ser multados e incluso clausurados.

La precariedad laboral

Pero no todo son felicitaciones. Desde SMAC, el Sindicat de Músics Activistes de Catalunya, Albert Costa considera que solo cabrá celebrar la normativa “si sirve para que en esos locales se contrate a los músicos y se pague un salario digno”, puesto que en muchos trabajan “en una situación laboral deplorable”. El sueldo medio ronda los 50 euros por concierto, aunque hay locales donde el músico cobra en función de las entradas que se venden o por taquilla inversa.

La posibilidad de hacer obras de ampliación siempre que no se supere el 50% de la superficie existente permitirá reforzar la economía de algunos locales y, cabe esperar, la de los músicos. Pero aunque la normativa no entra el este punto, Granados avanza que las subvenciones para los Espais de Cultura Viva favorecerán a los que promuevan “buenas prácticas socio-económicas con los músicos”. Y mientras se aprueba el Estatuto del Artista que regule la situación  laboral, advierte que en estos locales no se podrá pagar en negro” al músico.

Nando Cruz

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